Roald Dahl

Llandaff (Gales), 1916

Roald Dahl (1916-1990) recibió el nombre de un explorador noruego y desde siempre se dedicó a explorar la magia de lo poco común en la literatura. Pocos autores representan lo que quiere ser esta editorial más que este escritor que bordó, sin complejos y con audacia, tanto cuentos infantiles como para adultos.
De padres noruegos, creció en Cardiff, Gales, habiendo perdido a los tres años tanto a su hermana Astrid como a su padre, Harald. A los ocho años lo castigaron en el colegio por poner un ratón en una caja de dulces. Esa curiosidad casi gamberra guiaría sus pasos durante el resto de su vida. Desde los trece, cursó estudios en Repton School, en Derbyshare, donde Cadbury, una fábrica de chocolates, mandaba cajas de nuevos productos al centro escolar para que los probaran sus alumnos. Dahl solía soñar entonces con curiosas barras de chocolate y en esos sueños se puede encontrar la fuente de inspiración para uno de sus grandes libros infantiles, Charlie y la fábrica de chocolate.
Sus veranos en Noruega, de donde procedía su familia, aparecen de algún modo en Boy (relatos de infancia), aunque él insista en que no es un libro de memorias.
Dahl empezó a trabajar en 1934 en una empresa petrolífera que lo haría recalar en lugares remotos como Tanzania, donde, se dice, se enfrentó a hormigas y leones.
En 1939 se enroló en la Royal Air Force, gracias a lo cual pudo volar por territorios como Kenia o entrenar al oeste de Bagdad. Durante la guerra su avión se estrelló y Roald se fracturó el cráneo, se rompió la nariz y quedó ciego. Durante la recuperación, y en otro giro de su vida de novela, se enamoró de una enfermera: Mary Weelland, la primera persona que vio cuando recuperó la vista tras ocho semanas de ceguera.
Después de muchas otras aventuras, en 1942 fue trasladado a Washington, donde comenzó a escribir. Su primer trabajo publicado, el cuento Pan comido, describía su accidente. Solo un año después, en 1943, publicó su primer libro para niños, Los Gremlins, sobre unas misteriosas y malvadas criaturas que formaban parte del imaginario de las RAF.
A partir de ahí publicaría otros éxitos como Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda, Mi amigo el gigante o James y el melocotón gigante. Y, en paralelo, un montón de cuentos (y Relatos de lo inesperado) para los lectores adultos que a veces prepublicó en cabeceras como Playboy o The New Yorker, entre otras (adaptadas luego por directores como Alfred Hichcock o Quentin Tarantino).
Dahl se casó en 1953 con la actriz Patricia Neal, con la que tuvo cinco hijos. En 1983 se casó con Felicity Ann, la mejor amiga de su primera esposa.
Falleció en su casa, Gipsy House, en Buckinghamshire, a la edad de 74 años.
Aunque lo intentó, y precisamente por lo mucho que los respetaba, no quiso publicar ningún cuento de fantasmas. Pero se embarcó en la tarea de seleccionar los mejores que se habían publicado hasta la fecha. Esta antología es el resultado de alguien tan especial indagando en un género tan fascinante.