Courtland Lewis

,


El diseñador industrial Norman Bel Geddes fue el responsable de Futurama, la Exposición Mundial que en 1939 mostró a la ciudad de Nueva York cómo sería el futuro, en concreto treinta años después. Se apostaba entonces por las carreteras de catorce carriles, los rascacielos de cuatrocientos metros de altura y las aceras elevadas por encima de las autopistas, avances quizá demasiado exigentes para los treinta años de margen que otorgaba Geddes a su desarrollo. Matt Groening duplicó la espera y, seis décadas después, se atrevió a ir un poco más lejos con su Futurama, en la que mostraba la vida de la ciudad (y de buena parte del espacio exterior) en el año 2999. A las puertas del efecto 3000, bienvenidos a Futurama.

Fry es un repartidor de pizzas distraído y despreocupado que acaba encerrado en una cápsula criogénica por error, un sarcófago programado para volver a abrirse pasados mil años. Cuando lo escupe, lo lanza a un mundo poblado por seres extraterrestres y robots, donde el calentamiento global ha llegado a un límite insostenible y el abuso de sustancias parece el mal más extendido. Gracias a un pariente cercano | lejano (su tatarasobrino, nada menos) consigue un empleo en la empresa Planet Express y dos buenos amigos: Leela, cíclope capitana de una nave hecha a su medida, y Bender, robot adicto a casi todo y poco dado a la corrección política.

Futurama lanzó su primer episodio en 1999, y tan solo cuatro años después FOX cancelaba su emisión para desconcierto de sus millones de fans. Quizá por eso dos años después se editaron varias películas que fueron emitidas en forma de capítulos. Tal fue la influencia de la serie que de su mano nacieron una serie de ensayos, reunidos por Courtland Lewis en un libro que nos explica la filosofía de sus personajes y el significado oculto de sus episodios más memorables.

Libros de...

Futurama y la filosofía

Cómo entender el mundo gracias a Bender, Nietzsche y compañía